Los galgos son perros sensibles, observadores y, en muchos casos, especialmente reactivos a las manipulaciones si no se hacen con suavidad. Por eso, dentro de los cuidados de galgos, la higiene básica no debería abordarse como una lucha, sino como una rutina tranquila, progresiva y respetuosa.
Cortar las uñas o limpiar las orejas puede generar nervios tanto en el perro como en la persona que lo cuida. La buena noticia es que, con paciencia, ambiente adecuado y una técnica amable, estas tareas pueden hacerse sin dramas y con mucha más confianza.
¿Por qué estas rutinas forman parte de los cuidados de galgos?
Las uñas demasiado largas pueden alterar la pisada, generar molestias e incluso favorecer pequeñas lesiones. Las orejas, por su parte, necesitan observación para detectar suciedad, exceso de cera o señales de irritación. Por eso, estos gestos de higiene no son un extra estético, sino parte de los cuidados de galgos orientados al bienestar.
Prepara el momento y el material antes de empezar
Buena parte del éxito está en la preparación. Tener todo a mano evita interrupciones y reduce la tensión de ambos:
- Un cortaúñas o una lima eléctrica adecuados al grosor de sus uñas.
- Polvo hemostático por si se corta la parte viva de la uña.
- Un limpiador ótico de uso veterinario y gasas.
- Premios pequeños y muy apetecibles para él.
- Una superficie cómoda y antideslizante.
Elige un lugar tranquilo, con buena luz y donde el galgo ya se sienta seguro. Además del material de higiene, algunos artículos para perros que ya conoce, como su cama o su manta, ayudan a que asocie la rutina con un espacio de calma.
¿Cómo cortar las uñas con menos estrés?
Lo ideal es empezar en un momento de calma, con premios a mano y sin prisas. Si el perro no está acostumbrado, conviene trabajar por fases: primero tocar patas, luego enseñar la herramienta y más adelante cortar una o dos uñas por sesión si hace falta.
Es importante usar un utensilio adecuado y evitar apurar demasiado. Si hay duda, mejor quedarse corto y repetir otro día que generar una mala experiencia.
¿Cada cuánto cortar las uñas a un galgo?
Depende sobre todo del tipo de suelo por el que camine y de su nivel de actividad. Como referencia, conviene revisarlas cada dos o tres semanas. Una señal clara de que están largas es oírlas repiquetear al andar sobre suelo duro o ver que tocan el suelo cuando el perro está de pie. Presta especial atención a los espolones: no apoyan en el suelo, no se desgastan solos y pueden llegar a curvarse.
¿Qué hacer si cortas demasiado?
En las uñas claras, la parte viva se distingue como una zona rosada; en las oscuras no se ve, así que es mejor cortar poco a poco y en tramos pequeños. Si aun así sangra, mantén la calma, aplica polvo hemostático o presiona con una gasa limpia durante unos minutos y termina la sesión con un premio. Si el sangrado no se detiene, consulta con el veterinario.

¿Cómo limpiar las orejas de forma suave?
La limpieza debe ser delicada y siempre con productos apropiados. No se trata de manipular en exceso, sino de retirar suciedad visible y observar el estado general del oído. Si aparece mal olor, enrojecimiento o mucha incomodidad, lo prudente es consultar con el veterinario.
Un método sencillo es aplicar unas gotas del limpiador siguiendo las indicaciones del producto, masajear suavemente la base de la oreja durante unos segundos y dejar que el perro sacuda la cabeza. Después, se retira con una gasa la suciedad visible del pabellón auricular. Conviene evitar los bastoncillos de algodón, porque pueden empujar la cera hacia dentro y dañar el oído.
En la mayoría de galgos basta con revisar las orejas una vez por semana y limpiarlas solo cuando se vea suciedad. Limpiarlas en exceso también puede irritar la piel del conducto.
Errores frecuentes que empeoran la experiencia
Entre los fallos más comunes están sujetar al perro con brusquedad, intentar hacerlo todo de golpe, usar herramientas inadecuadas o convertir la rutina en un momento tenso. En perros sensibles, la memoria emocional pesa mucho: una mala sesión puede complicar las siguientes.
Si aprovechas para bañarlo, cuidado con el frío
Muchas personas aprovechan la sesión de higiene para bañar al galgo. Hay que tener en cuenta que su pelo es muy corto y que tienen poca grasa corporal, así que pierden calor con facilidad. No necesitan baños frecuentes: suele bastar con hacerlo cuando están sucios o cada cierto tiempo, con agua templada y un champú específico para perros.
Sécalo bien, sin olvidar el interior de las orejas para que no quede humedad, y evita que salga a la calle mojado. En los meses fríos, una prenda de ropa para galgos, como un polar o una sudadera, le ayudará a recuperar y mantener la temperatura después del baño.
¿Cómo conseguir que cada sesión sea más fácil?
La clave está en practicar fuera de las sesiones de higiene. Tocar sus patas y orejas unos segundos durante los ratos de caricias, premiar y parar antes de que se incomode hace que la manipulación deje de ser algo extraño.
Durante la rutina, observa su lenguaje corporal. Bostezos, lamidos de labios, mirada esquiva, cola baja o rigidez indican que el galgo está empezando a agobiarse. En ese momento es mejor hacer una pausa y continuar otro día. Si el miedo es muy intenso, un veterinario o un educador canino puede ayudarte a plantear un trabajo más gradual.
Conclusión
Dentro de los cuidados de galgos, la higiene básica debe vivirse como una rutina amable y segura. Cortar uñas y revisar orejas con calma ayuda a prevenir problemas y fortalece la confianza del perro en la manipulación.
Más que buscar rapidez, conviene buscar una experiencia positiva. Con práctica y suavidad, incluso un galgo sensible puede aprender a tolerar estas rutinas mucho mejor.
En El Galgo Azul compartimos esta forma de cuidar a los galgos con calma y respeto, tanto en los consejos del blog como en nuestros regalos para amantes de galgos.