El galgo es una de las razas caninas más fascinantes: atlético, sensible, inteligente… y anatómicamente distinto. Esta diferencia, que lo hace único, también implica que su cuidado físico no es algo fácil. Ciertas lesiones musculares, articulares o cutáneas son más frecuentes en galgos que en otras razas de perros. ¿El motivo? Su bajo porcentaje de grasa corporal, su piel fina y su morfología hecha para correr.
Por eso, prevenir y tratar las lesiones comunes en galgos es algo que tienes que saber si tienes uno de estos animales. Y no hablo de evitar el dolor físico, sino de que tenga la mayor calidad de vida posible, se pueda mover sin problemas y su equilibrio emocional se mantenga intacto (muchas veces se ve afectado por el dolor crónico).
¿Por qué los galgos son más propensos a lesionarse?
Desde un punto de vista biomecánico, los galgos son como un Fórmula 1 canino. Son perros que corren mucho con un mínimo esfuerzo, gracias a su masa muscular magra, huesos largos, tendones tensos y un corazón capaz de bombear sin problemas. Sin embargo, esta «perfección funcional» no es oro todo lo que reluce, tiene algunos riesgos.
Su musculatura, al estar más expuesta y menos amortiguada por grasa subcutánea, es probable que sufra microrroturas y contracturas. Además, al tener articulaciones largas y anguladas (especialmente las del carpo, tarso y cadera) es más fácil que se sobrecarguen en terrenos irregulares o con movimientos bruscos. Y por su piel, al ser tan fina, es común que sufran rozaduras por arneses, collares mal ajustados o superficies que abrasan.
Lesiones más habituales y cómo reconocerlas
Antes de comentarte cómo prevenir y tratar lesiones comunes en galgos, te cuento cuáles son las lesiones más frecuentes y cómo puedes reconocerlas:
Lesiones musculares leves
Nos referimos a contracturas y microrroturas. Estas suelen aparecer si corren carreras intensas sin calentamiento previo. Los signos más comunes son una ligera cojera, rigidez al levantarse o menor disposición al movimiento.
Esguinces y distensiones articulares
Son frecuentes en las extremidades tras giros rápidos o resbalones. Se pueden reconocer fácil: inflamación, dolor a la palpación o reticencia a apoyar la pata afectada.
Heridas dérmicas
Son muy comunes por fricción con collares rígidos, suelos abrasivos o incluso por jugar con otros perros. La piel puede empezar a ponerse roja, con costras o heridas abiertas.
Dolencias crónicas articulares
Como displasia o artrosis, pueden aparecer con la edad o tras traumatismos repetidos. Observa si tu galgo evita hacer algunos movimientos o te da la impresión de que está más “apagado” después de hacer ejercicio.

Prevención basada en conocimiento
La prevención no es solo una cuestión de «no forzar»; es una estrategia activa que combina equipamiento, entorno y observación.
- Antes del ejercicio: empieza siempre con un paseo lento de 5-10 minutos para preparar músculos y articulaciones.
- Durante la actividad: es mejor ir a superficies naturales como césped o tierra compacta. Evita asfalto caliente, piedra suelta o suelos resbaladizos (en especial en verano).
- Después: deja que se recupere caminando tranquilamente, y evita que se tumbe directamente en frío.
El descanso también es parte de la prevención. Una cama que reparta el peso de forma uniforme es clave para evitar tensiones innecesarias en caderas, hombros y columna. Nuestra cama grande Sleepy de El Galgo Azul está diseñada con materiales mullidos y fundas suaves que respetan la piel fina del galgo mientras proporciona soporte ortopédico. ¡Es ideal y muy necesaria para tu galgo!
Tratamiento responsable: cómo actuar ante una lesión
Cuando tu galgo sufre una lesión, el primer paso es parar cualquier actividad física y evaluar. En lesiones leves, como una contractura, el reposo activo (paseos cortos y controlados) suele ser suficiente. Poner frío local durante los dos primeros días y luego un poco de calor moderado, puede hacer que la recuperación sea más rápida.
Si después de 48 horas no hay mejora o si el galgo muestra signos de dolor al caminar, es imprescindible ir a un veterinario. Las lesiones articulares o musculares mal curadas tienden a cronificarse, reduciendo la movilidad futura del galgo.
Durante el proceso, el entorno del galgo debe adaptarse para que la recuperación sea más rápida: paseos tranquilos con arnés, suelos antideslizantes en casa, superficies blandas para descansar… Incluso puede ser útil vestirlo con ropa ligera para mantener el calor muscular sin provocar fricción. Las sudaderas de algodón para galgos son una buena opción en estas situaciones.
Cuidados a largo plazo: movimiento, descanso y observación
Una vez recuperado de la lesión, el objetivo tiene que ser claro: evitar recaídas. La clave está en mantener al galgo activo, pero con equilibrio. Caminatas diarias, juegos y, si es posible, actividades como la propriocepción (ejercicios de equilibrio y conciencia corporal) pueden reforzar músculos y articulaciones sin necesidad de sobrecargarlos. Además, los galgos son perros que necesitan descargar energía, por lo que no podemos pretender que se recuperen estando tumbados en casa.
Sabemos lo que significa vivir con un galgo: respetar su fragilidad, acompañar su fuerza y cuidar lo que le hace único. ¿Quieres mimarle como se merece? ¡Echa un vistazo a nuestras rebajas!